El perfil urbano de Zaragoza es inconfundible gracias a la silueta de la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, un coloso monumental que se erige como uno de los centros de peregrinación y devoción mariana más importantes de todo el mundo. Sin embargo, más allá de su innegable peso espiritual y litúrgico, este majestuoso templo funciona ante los ojos del visitante como un museo vivo que encapsula la rica evolución de la historia del arte español a lo largo de los siglos. Sus imponentes naves mezclan con maestría las huellas de antiguas capillas medievales con la gran renovación estética que transformó el complejo durante la época dorada de la arquitectura borbónica.
El diseño del edificio actual, cuyas raíces se hunden en trazas del siglo XVII planteadas por Felipe Sánchez y Herrera, alcanzó su máximo esplendor arquitectónico durante la centuria siguiente. Fue el célebre arquitecto real Ventura Rodríguez quien redefinió el espacio al diseñar la espectacular e intrincada Santa Capilla ultrabarroca, un escenario concebido para realzar la mística del legendario pilar sagrado combinando mármoles veteados, bronces y jaspes de gran valor cromático. Paralelamente, el templo adquirió su inconfundible y casi bizantina fisonomía exterior gracias a la adición de sus once icónicas cúpulas revestidas con coloridos azulejos vidriados, las cuales contrastan bellamente con la sobriedad clásica de sus monumentales portadas exteriores.
Además de su imponente estructura, el Pilar custodia impactantes cicatrices de la historia reciente y tesoros artísticos revolucionarios. En sus gruesos muros todavía se aprecian las marcas de los bombardeos sufridos durante la Guerra de la Independencia, mientras que en su interior cuelgan, mudas, dos bombas perversamente delgadas lanzadas durante la guerra civil que jamás llegaron a estallar. Pero si algo consagra a esta basílica como una parada obligatoria para los amantes de la cultura, es la oportunidad de contemplar el genio indomable del joven Francisco de Goya. El pintor aragonés dejó su huella en los techos del templo, transitando desde el academicismo suave de sus primeras obras hasta los trazos dinámicos, empastados y cuasi-impresionistas de la polémica cúpula Regina Martyrum, una joya adelantada a su tiempo que supuso el nacimiento del arte moderno.

Los orígenes de la Basílica del Pilar se remontan al siglo IX. Una iglesia dedicada a la Virgen María Ocupaba el lugar de la actual basílica en ese momento.
La construcción de una iglesia románica comenzó en el siglo XII y terminó en el siglo XIII. Fue entonces cuando se construyó la antigua capilla de El Pilar. El pilar o columna estaba relacionado con la devoción mariana.
Alrededor del siglo XIV se construyó una nueva iglesia gótico-mudéjar. La antigua capilla de El Pilar permaneció en pie hasta el siglo XVIII.
Durante la época barroca, se construyó otra nueva iglesia. Sus obras de construcción terminaron en 1765. Ventura Rodríguez participó en la última etapa de la construcción y diseñó la nueva capilla.
La iglesia actual parece un poco bizantina debido al marqués de Peralada. Él diseñó las torres y cúpulas.
El sincretismo artístico del Pilar: De la joya renacentista a los trazos revolucionarios de Goya
La importancia de la Basílica del Pilar no reside únicamente en su incuestionable valor espiritual como epicentro de la devoción mariana, sino en cómo su estructura física actúa como un compendio vivo de la historia del arte español a lo largo de varios siglos. Cuando el visitante se sitúa en el centro de sus imponentes naves de igual altura, se despliega ante sus ojos una transición estética fascinante que va desde el rigor de las formas góticas y renacentistas hasta la exuberancia del barroco y el clasicismo. El ejemplo más rotundo de esta riqueza temprana es el retablo mayor de la Asunción de la Virgen, labrado por Damián Forment a principios del siglo XVI. Esta obra maestra de alabastro policromado no solo destaca por su monumentalidad, sino por capturar ese momento exacto de bisagra estilística: la meticulosidad y el detallismo heredados del gótico tardío conviven en perfecta armonía con el nuevo tratamiento de la anatomía, las perspectivas y los pliegues característicos del primer Renacimiento.
Sin embargo, el verdadero punto de inflexión que define la fisonomía exterior e interior del templo actual ocurre en el siglo XVIII. Las intervenciones de Ventura Rodríguez al diseñar la Santa Capilla introdujeron una teatralidad barroca de primer orden, donde el mármol, el bronce y los jaspes verdes y plateados se dispusieron para dirigir de forma dramática la luz y la atención de los fieles hacia la sagrada columna. Casi en paralelo, la fisonomía exterior de la basílica experimentó una metamorfosis radical al añadirse las once cúpulas revestidas de azulejos de colores brillantes que hoy definen el perfil de Zaragoza junto al río Ebro. Este diseño, influenciado por corrientes arquitectónicas orientales y bizantinas, dotó al colosal edificio de una ligereza visual cromática que contrasta fuertemente con la sobriedad pétrea de sus monumentales fachadas norte y sur.
Es precisamente en las bóvedas de este coloso barroco donde el joven Francisco de Goya y Lucientes dejó constancia de su genialidad y de su temperamento inconformista. Su primer fresco en la basílica, La Adoración del Nombre de Dios (1772) en el techo del coreto, se adaptó de manera impecable a las exigencias académicas de la época, mostrando una paleta de colores suaves y una composición armoniosa que agradó de inmediato al cabildo metropolitano. El conflicto no tardaría en estallar pocos años después, en 1780, con la ejecución de la cúpula Regina Martyrum. En esta obra, Goya se despojó de las ataduras clasicistas para experimentar con pinceladas rápidas, empastadas y figuras de bordes difusos que, contempladas desde el suelo, cobraban una viveza y un dinamismo sin precedentes. Los comisarios de la obra consideraron aquellos trazos modernos y cuasi-impresionistas como un trabajo «descuidado» o inacabado, desatando una agria polémica que hirió el orgullo del pintor. Hoy en día, esa cúpula es valorada unánimemente como una de las primeras manifestaciones del arte moderno, convirtiendo los techos del Pilar en un tesoro pictórico incalculable.

PUNTOS DE INTERÉS EN LA CATEDRAL-BASÍLICA
El exterior de la Basílica del Pilar destaca por su tamaño, así como sus cúpulas y torres.Actualmente cuenta con once cúpulas con azulejos de cristal verde, amarillo, azul y blanco.
Las fachadas norte y este todavía tienen las marcas causadas por el bombardeo francés durante la Guerra Peninsular.
La fachada sur, que es la principal, fue renovada a mediados del siglo XX.
Las columnas corintias y los frontones triangulares decoran las dos entradas en los extremos. Por otro lado, una serie de pilastras decoran la pared. Toda la estructura estaba cubierta con una cornisa con balaustrada.

El interior de la catedral es realmente hermoso e impresionante. Tiene tres naves en la misma altura. Las paredes están decoradas con elementos clasicistas.
Al entrar en la Basílica, primero se nota la Santa Capilla (Capilla Santa), es una de las obras más bellas del barroco español.
Se trata de un pequeño espacio sagrado donde se encuentra la imagen de la Virgen del Pilar. El espacio de mármol plateado y verde es de gran belleza y esplendor.

También tiene espectaculares jaspes, mármoles y bronces junto con las esculturas y pinturas.
Las pinturas sobre la cúpula fueron realizadas por pintores como Antonio González Velázquez, Francisco Bayeu.
El fresco de Regina Martyrum de Francisco de Goya es particularmente famoso por su belleza. Además, otra de sus pinturas se encuentra en el coreto.
El Altar Mayor cuenta con un importante retablo de la Asunción de la Virgen María. Fue realizado en alabastro policromado y madera y su estilo es entre el gótico y el renacentista.
El coro tiene un programa iconográfico que cuenta la historia de Cristo y la Virgen. Es una de las obras españolas más importantes en este campo. Además, cuenta con una parrilla de estilo manierista.
Antes de terminar el viaje, también debe visitar todas las capillas de la catedral. Algunos de ellos son el Coreto, la Capilla Santa, la capilla de San Juan Bautista, Santa Ana y San José.



